Implexmode

Implexmode: treinta años de mesas, enchufes y fibra en Ronda de Colón

Abrimos en 1995 en un bajo de la Ronda de Colón con seis mesas y una fotocopiadora de segunda mano. Hoy seguimos en el mismo número, el 159, con sala de reuniones, taquillas y una planta silenciosa.

El origen: un local que nadie quería

La historia empieza en 1994. Implexmode S.L.U. no existía todavía. Lo que existía era un bajo comercial en la Ronda de Colón 159, en Gijón, con dos escaparates, una puerta lateral que daba a un patio interior y un cartel de «se alquila» que llevaba meses puesto porque el propietario, que había tenido allí una ferretería durante casi veinte años, no quería ruido ni camiones descargando a medianoche.

Carmen Torres, que desde entonces lleva la recepción, recuerda que el primer contrato de alquiler se firmó en marzo de 1995.

Le pareció bien que fueran mesas de trabajo.

La ciudad estaba en otro momento.

El Puerto de El Musel movía más contenedores cada año, el campus de Viesques crecía y mucha gente que trabajaba por su cuenta no encontraba un sitio digno donde poner un ordenador: el salón de casa, la biblioteca de la Plaza de Europa o un bar con enchufe y un café que se enfriaba antes de que llegara el archivo.

Abrimos con seis mesas y un horario de lunes a viernes, de 9:00 a 18:00. El sábado, de 10:00 a 14:00, lo añadimos en 1998, cuando algunos clientes pidieron poder venir a recoger papeles sin dejar el coche en doble fila en la avenida de la Costa.

En 1999 llegó la primera conexión decente. Antes de eso, imprimir un PDF grande era una tarde entera. María Ramos, que lleva Trabajos desde 2001, cuenta que un cliente traía los archivos en disquete y volvía al día siguiente. Los disquetes se quedaron, pero la impresora cambió tres veces.

Nunca hemos tenido otra sede, ni una sucursal en Oviedo, ni un local en el centro. La dirección es esta: Ronda de Colón 159, 33350 Gijón (Asturias). Si alguien te ofrece una mesa de Implexmode en otro sitio, no es nuestra.

El origen: un local que nadie quería

Lo que no hacemos, y lo decimos pronto

Hay una lista de cosas que rechazamos de entrada.

No prestamos servicios médicos, ni financieros, ni jurídicos, ni educativos, ni decimos que los prestemos. No tramitamos visados, no asesoramos sobre inversiones y no preparamos oposiciones. Si tu consulta es de ese tipo, te lo diremos en recepción el mismo día.

Tampoco tocamos vehículos. Nada de coches, furgonetas, motos ni patinetes.

No hacemos instalaciones en la red eléctrica de un edificio, no intervenimos en circuitos de refrigeración y no trabajamos sobre la fábrica del inmueble: nada de albañilería, fontanería, pintura ni reformas, porque para eso hay gremios en Gijón que llevan décadas haciéndolo, que conocen las ordenanzas municipales mucho mejor que nosotros y que, además, responden con su propio seguro si algo sale mal.

Y no aplicamos pesticidas ni biocidas, ni dentro ni fuera del local. Rocío Hernández, en Almacén, ha tenido que explicarlo más de una vez a proveedores que llegaban con un bote en la mano. La respuesta es siempre la misma. Eso no es lo nuestro.

La razón es sencilla: una casa de mesas compartidas se sostiene sobre la confianza de que cada cual hace lo suyo. Si empezáramos a tocar cuadros eléctricos o a hacer diagnosis de motores, dejaríamos de ser lo que somos. Tampoco tenemos registro alguno que exhibir. No hay número de licencia, no hay colegio profesional, no hay acreditación de ningún tipo detrás de esta puerta. Lo que hay es un contrato de arrendamiento, una factura de la luz y treinta años de trabajo.

Un día en la planta de arriba

La planta alta es la zona silenciosa. Catorce mesas, luz de ventanal hacia el patio y una norma que se cumple sin discusión: allí no se habla por teléfono.

Antonio Sánchez, que lleva Compras desde 2003, sube a media mañana y baja a las dos. Abajo están las mesas por día, la sala de reuniones y las taquillas, con una pizarra que ya llevaba allí cuando entramos y que nadie ha querido borrar del todo porque tiene nombres de clientes de los primeros años escritos con rotulador azul.

El teléfono es el 985 696831 y el correo, [email protected].

Respondemos en horario: lunes a viernes de 9:00 a 18:00, sábado de 10:00 a 14:00, domingo cerrado. La sala se reserva por horas y, si sobra hueco, se comparte. Lucía Jiménez, en Atención al cliente, lleva la agenda desde 2008.

La impresión se cobra por hoja y se paga a fin de mes. Hay quien imprime dos páginas en todo el año y hay quien gasta un cartucho cada tres semanas.

El perfil de quien viene ha cambiado. En 1995 eran autónomos con un maletín. Ahora hay programadores que viven en La Calzada y vienen en el autobús 1, gente de Somió que trabaja para una empresa de Bilbao, y algún traductor que necesita silencio para dar una clase a las siete de la tarde. El barrio también ha cambiado: donde antes había un taller de chapa, hoy hay una cafetería, el Mercado del Sur sigue a diez minutos andando y la estación de autobuses, a un cuarto de hora. La dirección postal, en cambio, no se ha movido.

Las cuentas claras y la fibra

Publicamos el precio del día y el del mes en la web, implexmode.click, sin descuentos por volumen ni condiciones escondidas. Si un mes tiene 22 días laborables, eso es lo que hay.

No prometemos ingresos a nadie por trabajar aquí.

Ni un puesto, ni una colocación en una empresa. Eso no lo hemos hecho nunca.

La conectividad de Gijón sí que nos ha dado temas de conversación. Cuando se cayó el servicio en varias calles del centro en febrero de 2021, estuvimos cuatro horas con dos routers de respaldo y una lista de avisos en la pizarra, llamando a clientes uno por uno para decirles que no perdieran el viaje, que la sesión de la tarde se podía hacer igual porque teníamos una línea móvil de emergencia que contratamos precisamente después de un apagón parecido en 2018.

La fibra llegó a este tramo de la Ronda de Colón en 2016, bastante después que al centro.

Antes de eso, con el ADSL, subir un vídeo de dos minutos era una tarde. Nada de esto nos convierte en expertos en redes ni en telecomunicaciones. Lo que sabemos es lo que nos afecta como usuarios: cuándo hay una avería, cuándo conviene cambiar de operador y cuándo lo que falla es el cable de dentro y no el de fuera. Seguimos aquí porque el local funciona y porque la gente vuelve. No hay un plan de expansión. No habrá una segunda sede. En 1995 éramos seis mesas; hoy son veintidós entre las dos plantas, y con eso ya tenemos bastante que ordenar cada mañana.